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Bienvenidas al Design Thinking

La religión que profesamos en Transmit es la de la creatividad. Confiamos en el ingenio como única vía posible para lanzar nuestros mensajes, nos apoyamos en la imaginación para crear relaciones duraderas con futuros clientes. La conexión que se establece entre público y contenido debe darse a través de la pura inventiva. No hay más. No hay vuelta de hoja. De ahí que en nuestras reuniones demos rienda suelta a una herramienta que, a día de hoy, se encumbra como el no va más de las metodologías de trabajo: el Design Thinking. Puede que ahora mismo estés pensando vale, de acuerdo, los conceptos en inglés siempre tienen un deje pegadizo, moderno, y encima suenan muy bien. Y ya sabéis que para nosotras eso es precisamente muy importante: dejar que suene, y que suene bien. Pero si nos sumergimos en el significado del fenómeno en cuestión, ¿a qué nos referimos con esto de Design Thinking? 

Origen del Design Thinking

Tal vez el término que acabamos de presentarte te parezca una invención de reciente creación, pero no te equivoques. La génesis del Design Thinking se remonta hasta la década de 1970, cuando en la Universidad de Stanford empezó a desarrollarse este concepto a nivel teórico, pues vieron en la herramienta que nos ocupa un auténtico remedio para dar soluciones creativas a todo tipo de retos. Sin embargo, fue Herbert Simon – Premio Nobel de Economía – quien en 1969 ya acuñó este término en un libro que escribió titulado Las ciencias de lo artificial. Pero hay una fecha que resulta determinante para entender la historia del Design Thinking, y nos referimos a 1991: el año del nacimiento de IDEO. Si alguien desconoce la existencia de IDEO, decir que se erige como referente en el campo del diseño y la innovación. Una empresa pionera en esto del Design Thinking, que ha conseguido llevar este concepto un paso más allá hasta incorporarlo en su ADN.

Qué és y por qué suena tan bien

El Design Thinking es una técnica de trabajo que consiste en aportar soluciones creativas a través del diseño y las nuevas tecnologías dentro de una propuesta concreta. Se trata de un proceso enfocado siempre en las personas y que tiene como fin último la satisfacción del usuario. En Transmit nos alimentamos de las ideas que se extraen de estos sistemas de trabajo, pues sus resultados suelen perseguir la innovación en multitud de campos distintos. Esa es la meta principal que se marca el Design Thinking – pensamiento de diseño en español, por cierto -, la razón de ser de su creación y el motivo central de su actual éxito. Un éxito que viene dado por la rapidez con la que se encuentran estas soluciones tan innovadoras. ¿Pero cómo es posible que ante determinados rompecabezas se hallen remedios tan novedosos en tan poco tiempo? ¿Desde cuándo existen estos milagros? La respuesta se encuentra en las pautas que deben respetarse para que el ejercicio del Design Thinking se lleve a cabo de manera óptima. Estamos hablando de los pasos que tienen que seguirse sí o sí, que serían los siguientes.

Las etapas del Design Thinking

Todo procedimiento de trabajo consta de una serie de etapas cuya realización debe cumplirse como si de una receta culinaria se tratase, y en el recetario del Design Thinking no pueden faltar nunca las fases expuestas a continuación:

  1. Empatizar: Ya hemos mencionado que la base del Design Thinking está concentrada en las personas. Si no entendemos a nuestro público, no podremos desarrollar un buen producto. Si no podemos ponernos en el lugar de nuestro usuario, no llegaremos a ningún lado. Es por eso que debemos dar nuestro primer paso hacia la empatía, y cuando decimos empatía nos referimos a comprender cuáles son los deseos y las necesidades del target. Si no somos capaces de enfundarnos en la piel de quien requiere de nuestras prestaciones, entonces no podremos aportar soluciones valiosas. Entendamos al usuario, comprendamos sus motivaciones. Seamos, en definitiva, empáticos. 
  1. Definir: Cuando ya hemos calibrado los deseos y necesidades del target, habrá llegado el momento de ponernos manos a la obra y definir el meollo del problema. ¿Ante qué nos encontramos? ¿Contra qué estamos luchando? ¿Cuál es el enemigo que debemos batir? Seguro que si previamente hemos podido detectar los insights del caso, la identificación del problema debería poder hacerse sin mayores inconvenientes. ¿Qué plato vamos a cocinar con los ingredientes de que disponemos?
  1. Idear: Para dar respuesta a la última pregunta formulada en el paso anterior, abordaremos una de las etapas más creativas del Design Thinking. Estamos hablando de la ideación, del brainstorming, de la lluvia de ideas. Es una de las fases del proceso que más disfrutamos, puesto que tras haber definido claramente el problema y después de haber detectado los pros y los contras del mismo, abrimos la presa que antes frenaba nuestra imaginación para que esta, de una vez por todas, se desborde. Pero ojo ahí: aquí no vale soltar cualquier cosa. Las ideas que lancemos tienen que enmarcarse en el problema que hayamos definido con anterioridad. 
  1. Prototipo: Cuando ya tengamos un buen montón de ideas sobre la mesa, podremos seleccionar las que nos resulten más certeras para el problema que queramos encarar. Tendremos que elegir las más adecuadas para luego diseñarlas, darles forma, convertirlas en un producto que hasta el momento será provisional, pero ya tangible. 
  1. Validar o testear: Se acerca el instante de la verdad, por fin hemos alcanzado la fase culminante de todo este proceso. Cuando ya hemos diseñado nuestro producto a partir de una selección precisa de las mejores ideas, podremos enseñárselo al usuario. Tenemos que entregar algo que sea presentable para que el cliente pueda devolvernos un feedback que nos caerá como agua de mayo. La información que el cliente nos ofrezca será crucial para no avanzar a través de la oscuridad. No se trata de una venta, estamos hablando de un intercambio de opiniones del que podamos aprender para realizar mejoras.

Ten en cuenta, sobre todo, que nos encontramos ante un ejercicio iterativo, que se puede repetir tantas veces como sea necesario hasta diseñar el producto más adecuado para la problemática que debas solventar. El proceso no se dará nunca por finiquitado hasta que nos hayamos acercado lo máximo posible al resultado ideal. Y ya sabes cómo somos en Transmit: encontrar el ideal consiste en lograr tu satisfacción.